Muchas veces la bruja no es aquella mujer fea, ermitaña y alejada de la sociedad. Generalmente se desliza en las calles de día, y a veces, solo a veces, acude a la Iglesia, ya que muchas veces no reniega de Dios, sino que hasta lo invoca en sus conjuros. En la sociedad es aquella mujer a la que se teme, pero que a la vez se recurre a ella en situaciones extremas.