Generalmente no están sujetos a las leyes materiales de nuestra existencia y a veces poseen la virtud de viajar instantáneamente a través de las dimensiones y desaparecen de repente. Debido a estas propiedades y características ha sido siempre difícil para los hombres poder ver a los elfos. Los niños poetas, los videntes, los curanderos, los magos, los alquimistas, o los que están dotados con el llamado 'Tercer Ojo' y están en paz con su entorno natural, han sido quienes históricamente han tenido más oportunidades de entrar en contacto con los gnomos y demás elfos. Los relatos de estos encuentros fueron al principio transmitidos por la tradición oral. Las drogas alucinógenas o venenosas, junto con complicados rituales de iniciación y experimentación, llevan mucho tiempo siendo usadas para facilitar la comunicación con los elfos y otros seres fantásticos; pero todas las descripciones coinciden en que el principal requisito previo para poder verlos es poseer una cierta afinidad emocional, algo así como un parentesco de sangre con ellos. Sin embargo, las relaciones sexuales o de otra clase con los elfos se han descrito como muy difíciles de mantener, debido a la existencia de numerosos tabúes.