Pues bien: para los griegos el hombre, parte del mundo natural, tenía un trato familiar con aquellas fuerzas que animaban y representaban los elementos, la tierra, el agua o las plantas. Prácticamente existe un mito para cada planta, río, fuente, bosque y rincón de las tierras helenas. En las idílicas llanuras de la Arcadia los mortales avistaban sin mayor dificultad a Faunos, Silvanos y Silenos, los espíritus animales guardianes de los bosques que la tradición ha consagrado con cuernos y cuartos traseros de cabra. Es su patrón Pan, a quien sin duda todos hemos visto representado tocando su flauta, la siringa, música ensoñadora que Debussy tan bien reprodujo en su "Preludio a la siesta de un Fauno"...