Esto, a su vez, trajo como consecuencia una creciente antipatía hacia la orden por parte de ciertos sectores del clero secular. Su fuerza se vio reforzada por un despliegue de imponentes castillos construidos en Tierra Santa, los cuales servían a la vez como bases de la campaña militar y también como capillas a las que los monjes guerreros podían retirarse. El nombre de Caballeros Templarios parece aludir al hecho de que tuvieran su cuartel general en Jerusalén en la Cúpula de la Roca, en el Monte del Templo, que rebautizaron como Templum Domini. Muchos creían que ese sitio era el lugar en el que Salomón construyó el legendario Templo de Jerusalén, con su supuesto tesoro.