Sin embargo. los Caballeros se convirtieron pronto en una base de poder por derecho propio, y se les fueron uniendo gran cantidad de adeptos, a pesar de la aparente austeridad de su regla monástica. Por aquel entonces la Iglesia estaba muy a favor de los Caballeros. Sus propiedades estaban exentas de impuestos se les colmaba de todo tipo de favores, no estaban sujetos a jurisdicción y ni siquiera tenían que pagar los diezmos eclesiásticos tan comunes en aquel momento