Ese desgaste afectó a su rectitud, pues para engrosar sus filas dejaron de ser estrictos en la selección de los aspirantes. Bastaba con que pasaran una prueba secreta, que hasta el momento sigue siendo un misterio y que ha dado pábulo a todo tipo de especulaciones. La gran riqueza acumulada (se cree que poseían más de 900 propiedades) también sirvió para pervertir sus no-bies principios. El resto de las órdenes no veían con buenos ojos su enriquecimiento, su orgullo y su pasión por el poder. Entre sus más tenaces enemigos destacaba la Orden de los Hospitalarios, que se había constituido a imagen y semejanza del Temple y que acabó siendo su mayor contrincante. Se cree que es más que probable que estas tensiones internas favorecieran a los musulmanes, y finalmente las huestes de Saladino los expulsaron de Jerusalén en 1187. A finales del siglo XII las intrigas y acusaciones entre templarios y hospitalarios se hacían ya insostenibles para la lglesia, y sucesivos Pontífices abogaron por la fusión de ambas órdenes.