Las fuerzas cristianas habían recuperado Jerusalén y su templo, pero su posición era precaria y los alrededores estaban prácticamente en manos musulmanas. Esto, aparte de ser una amenaza latente para la ciudad conquistada, era un peligro real en los caminos que llevaban ella. Por ello, Hugo de Payens, original de Champugne, y otros ocho caballeros franceses, decidieron formar un grupo para proteger a los peregrinos y custodiar los santos lugares. El papa Balduino II de Jerusalén les asignó como cuartelillo un edificio contiguo al templo. Como vivían de forma austera y gracias a las limosnas, eran conocidos como los «pauvres chevaliers du temple», de donde derivaría el nombre de la Orden del Temple.