El concepto era típico de la época y unía el papel de monje con el de caballero, creando un personaje dual que se dedicaba a la oración en tiempos de paz y a la guerra cuando era necesario defender (o imponer) su fe. El Temple y otras órdenes de caballería ¡legaron a alcanzar un gran poder, ya que se movían tanto en el terreno religioso como en el político y militar, los tres campos estratégicos que dominaban el mundo medieval. La creación oficial de la Orden del Temple tuvo lugar en 1119 en Tierra Santa, tras la primera Cruzada.