La radiación inmediata es letal para aquellas personas que se encuentren dentro de un radio de tres kilómetros del punto cero, pero esta zona ya ha sido totalmente devastada por los efectos de la onda de presión y del calor, por lo que de todos modos no hay sobrevivientes. Dentro de un área de unos 1 000 kilómetros cuadrados alrededor del Zócalo y durante uno o dos días después de la explosión, caerá la lluvia radiactiva, en forma de polvo o granitos de tierra que emiten radiación espontáneamente. Los niveles de radiación sobre un área de 2 600 km2 (hasta distancias de 29 km del Centro, es decir, Texcoco, Ecatepec, el Ajusco) serán letales para toda persona expuesta (es decir, sin la protección adecuada), ya que llegarán a los 900 rads. Dentro de una superficie de 10 500 km2 (57 km de distancia al Zócalo), la dosis de radiación recibida por individuos no protegidos durante los primeros días que sigan a la explosión llegará a unos 100 rads. Tal vez esto no causará la muerte inmediata, pero sí aumentará gravemente la incidencia de cáncer y anormalidades genéticas en la población. En nuestro ejemplo, estos efectos se harán sentir en zonas que llegan hasta los volcanes, el valle de Cuernavaca, Chalma y Toluca, o incluso más lejos, dependiendo de la intensidad y dirección de los vientos.