En un día claro, a 2 000 metros de altura sobre la Plaza de la Constitución mexicana, más conocida como el Zócalo, se detona una bomba nuclear con un rendimiento de un megatón. Esta plaza, ubicada justo debajo del punto de detonación, es el llamado punto cero de la explosión. Dos segundos después de la detonación se ha formado a 2 000 metros de altura una bola de fuego caliente y luminosa y una onda expansiva que toca la superficie del centro de la ciudad. La destrucción de gran parte de la capital se deberá principalmente a los efectos del calor irradiado y de la onda de alta presión que continuará expandiéndose por decenas de kilómetros. La figura 8 indica las diferentes zonas de daño en la ciudad.