Los italianos supervivientes escaparon por mar hacia Génova y, según el cronista Gabriel de Mussis, durante el viaje no hubo ningún caso. Después que el barco atracó, al primero o segundo día la plaga se desató de forma devastadora. Mussis dejó constancia de que se trató de una infección rata-pulga-hombre’, clásica de la peste bubónica. Desde Génova, la plaga se extendió en semicírculo a través de Italia, Francia, Alemania y Escandinavia, llegando a Moscú en 1352. Los historiadores calculan que la cantidad de muertos alcanzó los 24 millones alrededor de un cuarto de la población de Europa y Asia.