La bacteria infecciosa Pasteurella pestis, conocida ahora como Yersinia, se multiplica rápidamente en la corriente sanguínea, produciendo altas temperaturas y muerte por septicemia. Pero esto no ocurre a menudo en epidemias de verdadera peste bubónica, pues para ello se requiere una altísima transmisión de la infección a través de las pulgas. En ciertos casos, por razones desconocidas, la infección puede adquirir la forma de una neumonía, y no necesita de la picadura de pulgas sino que se transmite de persona a persona, por contacto o a través de la respiración. En una gran pandemia existen ambas; no obstante, la del tipo neumónica se expande más rápido y más extensivamente, con una mayor incidencia de casos y una mortandad superior, puesto que la neumonía, la mayoría de las veces, es letal.