Kebo echa también el resto de pelotas fuera. Culpa a las mujeres de no querer hablar: “El Estado no puede hacer nada si ellas no reconocen lo que les ha pasado”. Y asegura que su gobierno no dispone de recursos para atender a estas mujeres. Sorprende, sin embargo, ver cómo Sarajevo es hoy una ciudad completamente reconstruida, donde apenas queda rastro de los morteros y las granadas en los edificios, y donde el dinero no ha alcanzado para la reconstrucción de las vidas de los que quedaron dañados de por vida por la barbarie.