FREILA: En el tribunal montado hace un año en Bosnia para juzgar...

En el tribunal montado hace un año en Bosnia para juzgar a criminales de guerra y que reemplazará al Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPIY), un equipo de psicólogas atiende a las que han decidido testificar contra sus violadores. Jasmina Pusína, una de las terapeutas, explica que muchas mujeres no hablan con la esperanza puesta en el olvido. “Intentan olvidar sin sabe que nunca podrán. Conviven con sus secretos hasta que un día se vienen abajo. Tarde o temprano sucede, es sólo cuestión de tiempo” asegura Pusína, quien explica que las terapias tratan de ensamblar las piezas del rompecabezas del horror. Los olores, los sonidos, las imágenes de los días de la tortura para hacer a las mujeres conscientes del trauma, y para que aprendan a convivir con él. Estas terapias las dirigen las ONG, que trabajan de forma intermitente, en función de las ayudas internacionales. Marijana —nombre ficticio— hace tiempo que decidió hablar y recomponer su espeluznante historia. La ha contado en La Haya. Haber testificado no la ha vacunado, sin embargo, contra el inevitable derrumbe cada vez que revive su paso por un campo de concentración en Visegrado, al este del país. “Me violaron varias veces. Tantas que no sabría contarlas. Mi hijo, de 16 años, lo vio todo. Olían mal, a cebolla, a alcohol. Estaban muy sucios. Me enseñaron varios cuchillos. ¿Cuál es el más afilado me preguntaron?”. Marijana rompe a llorar: “Vi cómo pasaban el cuchillo por el cuello de mi hijo. Les pedí que me mataran a mí. No entiendo qué hemos hecho para ser tan odiadas”. Vuelve el llanto y la respiración entrecortada, pero Marijana quiere continuar: “Lo tenían todo pensado, todo planeado para humillamos y destrozar a nuestra comunidad. Ahora nosotras no valemos para nada, y el gobierno hace oídos sordos, pero, si seguimos calladas, no llegaremos a ninguna parte”, afirma esta mujer que vive en Sarajevo, y que dice adivinar la llegada del frío invierno bosnio en las cicatrices de su cuerpo. Manjana reconoció en el campo de concentración a Milan Lukic, entregado por Argentina al TPIY el pasado febrero, después de siete años de fuga. Lukic operaba bajo las órdenes de los prófugos Radovan Karadzic y su jefe militar, Ratko Mladic, acusados de genocidio por la Matanza de Srebrenica, en la que exterminaron a 8.000 musulmanes bosnios en 1995.