La fiebre amarilla hacía estragos entre los obreros que trabajaban en las esclusas del canal de Panamá. El médico cubano Carlos Finlay (imagen) sostuvo que el mal era trasmitido por un mosquito llamado Estegomia calopus, cuya hembra deposita los huevos en cualquier sitio donde haya agua estancada. Cuando los norteamericanos intervinieron en la guerra de Cuba, el médico militar Walter Reed pudo comprobar que Finlay tenía razón. La fiebre amarilla o vómito negro es originaria de las costas del golfo de México y de las Antillas. En 1871 la terrible enfermedad llegó a Buenos Aires y la epidemia dejó un saldo de catorce mil muertos.