En 1895, el médico italiano Bautista Grassi logró identificar al solapado enemigo transmisor del terrible mal. Era un mosquito que todas las tardes se elevaba sobre las marismas formando con sus congéneres compactas nubes. Su nombre científico es Anofeles. (imagen) Este insecto, al absorber la sangre de un ser humano o de un animal atacados de malaria, absorbe también los parásitos de la sangre llamados hematozoarios (del género Plasmodium), que son los causantes de la enfermedad y fueron descubiertos por el investigador francés Laverán. Luego, cuando el Anofeles pica, los inocula al individuo sano. Grassi, que muchas veces vio flotar en los pantanos los huevos de los Anofeles, como si fueran pequeñas balsas, aprendió pronto a distinguir a estos mosquitos de otros menos peligrosos. De los huevos de esos insectos nacen las larvas, que viven y crecen en el fondo del agua, pero suben a la superficie para llenar de aire los tubos o tráqueas por medio, de los cuales respiran.