Una terrible enfermedad, que se caracteriza por accesos de fiebre acompañados de fuertes dolores de cabeza y, a veces, con delirio, asolaba esas regiones; era la malaria. Durante siglos, la malaria —conocida también por paludismo, fiebre intermitente, fiebre de los pantanos, fiebre climática y chucho— azotó el delta del Danubio, Grecia e Italia, despoblando a pesar de su fertilidad, vastas comarcas destinadas a ser inagotables fuentes de riqueza. No se conformó con sentar sus reales en Europa, sino que llegó a todos los continentes: en Asia, la zona palúdica toma parte de Asia Menor, Arabia, Turquestán, Persia, Indochina, Siam, China, Japón e Islas Filipinas. África está totalmente infectada. En América, la enfermedad se propaga en México, Venezuela, las Antillas, las Guayanas, Brasil, Bolivia, Paraguay y norte de la República Argentina.