Las alas están ya preparadas para el vuelo. A partir de ese momento, la madre se convierte en el jefe de una pequeña colonia. Las obreras (insectos asexuados que no procrean) se encargan de buscar los materiales y los alimentos y agrandan el avispero mientras se desarrollan las hembras y los machos destinados a la reproducción de la especie. Como la vida de las abejas, la de las avispas está minuciosamente coordinada; la gran diferencia entre la colmena y el avispero estriba en que la primera se presenta como una gran ciudad, habitada por un pueblo, altamente civilizado, mientras que el segundo se asemeja a un campamento provisional que se abandonará a la llegada del invierno.