Es rudimentario y está prendido a su sostén por un cemento muy resistente. La avispa sigue con su labor solitaria hasta el momento en que, de los huevos depositados en los alvéolos, nacerán las larvas, a las cuales alimenta diariamente con insectos que mata y mastica ella misma previamente. Al finalizar la primavera, cada alvéolo se cierra y, bajo la tapa resistente, obra de la propia larva, se cumplirá la evolución misteriosa. Al cabo de una decena de días surge a la luz un insecto perfecto, de coselete brillante, con anillos orlados de amarillo y dos manchas negras.