Sigamos ahora al enjambre que abandonó la colmena. Llegados hasta el árbol elegido por las exploradoras, las abejas se suspenden de una rama formando un racimo, o al borde de una cavidad donde edificarán sus nuevos panales. Limpian y cepillan el hueco del árbol, comenzando luego las productoras de cera su trabajo de construcción. Empiezan por segregar la cera en pequeñas laminillas, a través de los segmentos inferiores del abdomen. La mastican, la humedecen con la lengua y la aplican al techo de la colmena, donde se forma un ladrillito de cera de doce a quince milímetros de largo, cinco milímetros de altura y dos milímetros de espesor. Como las abejas trabajan en equipo, inmediatamente acuden las escultoras, que son algo más pequeñas, y comienzan a cavar las celdillas. Las abejas cereras siguen añadiendo cera y así se forma el panal vertical. En cuanto la obra está bastante avanzada, la reina pone un huevo en cada alvéolo. Para producir zánganos, las abejas escultoras hacen celdillas más grandes.