La primera abeja que sale de la colmena, después del reposo invernal, inspecciona los alrededores en el transcurso de un vuelo prolongado, para descubrir el polen dorado que es la esencia misma de la vida para la comunidad. Regresa luego al hogar con las cestas de las patas posteriores llenas de polen. En el acto salen de su escondite los dos vigías que custodian la entrada, y cruzan sus antenas como bayonetas para cerciorarse de que la recién llegada pertenece a la comunidad. Una vez reconocida, la dejan pasar. En seguida descarga su provisión de polen en el depósito y se abandona a la danza para indicar la llegada de la primavera. Pero al poco rato cambia el ritmo: se diría que en esta segunda parte del ballet la abeja indica a sus compañeras qué dirección deben tomar para encontrar el tesoro. En efecto, después de observar un instante la danza, otras abejas dejan la colmena y van directamente hasta el sitio, a menudo distante, de donde regresó su compañera.