Afortunadamente, algunas personas comenzaron a protestar, sosteniendo que la esclavitud iba en contra de la ley de Dios y de la decencia humana. El filósofo francés Rousseau, en su obra El contrato social, escribió en 1764: «El hombre ha nacido libre, pero en todas partes está encadenado». Sus escritos inspiraron la revolución en Francia y en América del Norte, y la libertad individual comenzó a considerarse como un derecho social, no ya como un don otorgado por el rey. Las ideas de Rousseau también animaron a ciertas personas a luchar en nombre de otras que no podían defenderse por sí mismas. Políticos, hombres de la Iglesia y gente corriente comenzaron a pensar en cómo podían ayudar a los esclavos. Pero los argumentos morales no tenían tanta fuerza como los beneficios que generaba la esclavitud.