INTRODUCCION: El descubrimiento de oro y de diamantes en el extremo austral del Africa, en 1899, despertó la codicia británica, que reclamó todo el territorio de lo que hoy es República de Sudáfrica como suyo. Quienes habían hecho el hallazgo, en su mayoría campesinos (eso significa boers), descendientes de holandeses, se consideraban dueños de los territorios de Transvaal y Orange. Entre otras cosas, porque Inglaterra había reconocido su independencia, y además porque fueron ellos y no los ingleses quienes habían luchado contra zulúes y matabeles para civilizar la región. El enfrentamiento —que tuvo un corresponsal de guerra de lujo, enviado por el Times de Londres: Winston Churchill— fue inevitable; el resultado de la contienda, también: mientras los boers, aunque eran excelentes tiradores y conocían bien la zona, carecían de instrucción militar, los ingleses, con mejor armamento y mayor cantidad de tropas, dirigidos por Horatio Kitchener, quien ordenó la matanza de niños y mujeres (asesinaron a 25 mil) y la quema de las granjas, derrotaron a los campesinos, de los cuales 18 mil murieron en los campos de batalla en 1902.