La nave es transportada, dentro del dique que forman las esclusas, por medio de locomotoras a cremallera. Poderosos y delicados mecanismos eléctricos cierran las gigantescas compuertas, mientras en el dique se vierten rápidamente millones de metros cúbicos de agua que, llenándolo, elevan la nave al nivel necesario. Cuando ésta ha recorrido todo el dique tiene lugar la operación inversa: las puertas se abren y el agua se precipita hacia afuera, hasta llegar al nivel del dique siguiente. Un gigantesco murallón permite el tránsito (le las naves en ambos sentidos, formando dos diques adyacentes.