Claro que es válido preguntarse si todo eso tiene basamento científico, pues sí. Cuando reímos el cerebro hace que nuestro cuerpo segregue endorfinas; de hecho, una simple sonrisa emite una información que activa esa segregación de esta suerte de drogas naturales que circulan por el organismo, y que resultan cientos de veces más fuertes que la heroína y la morfina, pero gratuitas y no tienen efectos secundarios.