Los médicos le dijeron que un poquito de alegría le vendría bien. Así que Cousins pidió varias películas cómicas, cortos de El gordo y el flaco y varias de los hermanos Marx. Apenas comenzó a ver estas películas y a reírse a carcajadas comenzó a sentirse mejor y así descubrió que por diez minutos de risa a mandíbula batiente lograba eliminar el dolor por dos horas... y mientras más se reía mejor se sentía. Gracias a sus sesiones diarias de risa pudo conciliar otra vez el sueño. Cousins reía tan fuerte que los demás pacientes comenzaron a quejarse por el escándalo, entonces se mudó del hospital a un hotel donde se podía reír por la mitad del precio. Combinando sus terapias de risa con dosis de vitamina C y siguiendo las indicaciones de los médicos, logró curarse totalmente de la enfermedad, para luego escribir un libro titulado Anatomía de la risa.