A veces surgían disputas acerca de quién era el verdadero papa. Cuando Federico 1, emperador del Sacro Imperio Romano, estuvo en desacuerdo con la elección de Orlando Bandínelli como el papa Alejandro III, ocurrida en 1159, simplemente decidió nombrar por su cuenta, uno tras otro, a sus propios candidatos, que recibieron el nombre de antipapas. Víctor IV, Pascal III, Calixto IV e Inocencio III se llamaron a sí mismos papas, pero Roma replicaba: “Vaya! ¡Ninguno de ustedes es el verdadero papa!”