Aquel día el príncipe debía de estar de mal' humor, pues cuando llamó al criado y lo tuvo delante le dijo:
-El señor Brummel se va, acompáñale hasta la puerta.
Éste fue el principio del fin. Desprovisto del favor principesco, Bmmmel tuvo que afrontar a sus acreedores, que se lanzaron como fieras sobre él Se dice que en diez años había gastado más de un millón (un millón de aquella época), en corbatas, pantalones y casacas. Sus muebles fueron subastados y tuvo que huir de Inglaterra, dirigiéndose a Caíais, en Francia.
-El señor Brummel se va, acompáñale hasta la puerta.
Éste fue el principio del fin. Desprovisto del favor principesco, Bmmmel tuvo que afrontar a sus acreedores, que se lanzaron como fieras sobre él Se dice que en diez años había gastado más de un millón (un millón de aquella época), en corbatas, pantalones y casacas. Sus muebles fueron subastados y tuvo que huir de Inglaterra, dirigiéndose a Caíais, en Francia.