Otro día, en una visita que acababa de efectuar a los lagos del norte de Inglaterra, alguien le preguntó cuál era el que le había gustado más. Con un afectado bostezo, Brummel se dirigió a su criado:
-Robinson, ¿cuál es el lago que más me ha gustado?
-Me parece, señor, que fue el lago de Windermere.
-Robinson, ¿cuál es el lago que más me ha gustado?
-Me parece, señor, que fue el lago de Windermere.