Asistamos a una elección del Premio Nóbel de Literatura. Son las cuatro de la tarde de un jueves del mes de octubre. Los "dieciocho inmortales" que integran la Real Academia Sueca se reúnen en su sesión semanal en la sala de deliberaciones, blanca y oro, de su local situado en la planta alta de la Bolsa de Valores. Los académicos ocupan sus sitios, en sillones numerados que rodean una mesa cubierta de damasco azul. Delante de cada miembro hay una vela encendida y una copa de agua azucarada. Los académicos votan por medio de unas bolitas blancas de marfil, que depositan silenciosamente en un gran tibor (vaso grande de barro o porcelana oriental) japonés.