Cuando regresó a Suecia con su padre y su hermano, Alfredo quiso intentar la fabricación de nitroglicerina en grandes cantidades, estableciendo una verdadera manufactura; esto era algo que nadie había osado imaginar, pues la producción de esta materia presenta numerosos peligros. Se trata, en efecto, de un explosivo extremadamente sensible, descubierto en el año 1847, en los laboratorios de la Universidad de Turín, por quien ha bría de implantar, más tarde, la utilización de la dinamita en la agricultura: el químico italiano Ascanio Sobrero (1812-1888), que se había adelantado a Alfredo Nóbel en el descubrimiento de la nitroglicerina.