Adelantándose a su época y gracias a su tenacidad y empeño, consiguieron que en 1954 se botase el Nautilus, no sin enfrentarse a duras oposiciones desde todos los ámbitos, que consideraban el proyecto algo descabellado. Una vez convencidos, después de cuatro años de trabajo, la marina encargo a Rickover (imagen) y su equipo la construcción del primer submarino atómico en un plazo de cinco años.