La controversia fue fuente de frecuentes disputas y discusiones, en las que el joven Hitler no cedía un ápice, al punto que, a modo de rebeldía, dejó de prestar atención a los estudios en la escuela católica de Linz y repitió curso. En 1903 muere su padre, lo que le otorga cierta libertad de movimientos y acción. Algo más tarde, una pulmonía le hace abandonar la escuela en principio hasta su restablecimiento, pero será definitiva. Se dedica entonces a su afición favorita, la pintura, durante dos años, con la ilusión de ser algún día un pintor reconocido. Su intento de ingresar en la Academia de Bellas Artes de Viena se ve abocado al fracaso, aunque, orgulloso y seguro de sus fuerzas, lo intentó un año más tarde. Nuevamente cosechó el mismo resultado. Decepcionado y triste por la muerte de su madre en 1907, se entregó a una vida abandonada y perezosa, en la que sólo las audiciones de Wagner parecían interesarle. Requerido para cumplir el servicio militar, Hitler se escondió en Viena durante tres años para así eludirlo.