Esta era la tercera esposa de Alois, y tenía veintitrés años menos que él. La complicidad entre madre e hijo era a veces percibida por su padre bajo el prisma de los celos. Persona inteligente, superaba las asignaturas escolares con facilidad, lo que le procuraba cierta tendencia al abandono y la pereza. Quizás por la mala relación con su padre, o por los frecuentes cambios de residencia y colegio, lo cierto es que el niño Hitler no lograba cuajar amistades, teniendo como resultado que se encerrase en sí mismo y en sus sueños como futuro pintor, su afición favorita. Los designios de su padre, por el contrario, iban por otros derroteros, pues deseaba para su hijo una carrera de funcionario.