Los dos cabecillas de la intentona, Hitler y Ludendorff, fueron detenidos y juzgados; las penas, empero, fueron muy leves, y Hitler aprovechó la reclusión para escribir Mein Kampf, libro en el que condensaba todo su pensamiento político. La situación de marginalidad del partido nazi cambió súbitamente con la crisis económica de 1929, que le hizo ganar tantos votos provenientes de las clases medias, que se convirtió en el segundo partido de Alemania. En 1933, Hitler fue nombrado canciller con el apoyo de los partidos de derechas.