El almacenaje y control del calzado y vestuario es cosa de otros: los prisioneros encargados del almacén. Lo hacen metiendo cada lote individual en un saco de papel (con frecuencia queda demasiado justo, porque es prodigioso ver lo que un refugiado, posiblemente apremiado por el tiempo y por las amenazas de los SS, puede meter en una simple maleta).