Esta avalancha de oro, de divisas y de ropa de buena calidad era una crecida constante del río opulento de las SS. La industria ya no tenía necesidad de trabajar para atender a sus necesidades: así podía dedicarse exclusivamente a la fabricación de uniformes y de armamento. En principio, todo lo que entra en Sachsenhausen: ropa, maletas y su contenido, es rigurosamente contabilizado. Después, una vez hecho el inventario de todo ello, lo toma a su cargo la Administración de los Bienes de los Deportados. Como se ve, todo impecablemente organizado.