De 1941 hasta finales de 1944, la lihrmacherkommando entregó diariamente al Cuartel General de Himmler unos 180 relojes ya reparados, es decir, alrededor de 60 000 relojes por año, que en cuatro años son 240.000. En una carta de Oswald Pohl constaba que, a finales de 1944, las reservas de la Inspección eran todavía de 150.000 relojes. Si se toma como base la apreciación de Winkels, según la cual sólo el veinte por ciento de los relojes tomados a los deportados son defectuosos, se calcula que el número de relojes en buen estado sería cuatro veces mayor.