Durante sus años de asesinatos, Gilles estuvo a punto de ser descubierto. En 1493, llego a oídos de su familia que había intentado vender el castillo Champtoce, a pesar del interdicto del rey. Sin embargo, lo único que aterrorizaba a Gilles, era la posibilidad de que el nuevo dueño descubriera los restos mutilados de niños que había dejado allí, por lo que mando a sus ayudantes a retirar los restos de los cadáveres, los cuales casi fueron sorprendidos por el personal del nuevo propietario.