Pudo alejarse de esta licenciosa vida cuando es llamado a la corte de Carlos VII, al presentarse se desempeñó como Teniente de los ejércitos del rey durante la Guerra de los Cien Años; en estas circunstancias conoce a Juana de Arco y queda mediatamente sub gado, transformando en su devoto e intrépido compañero. Cuando Juana es capturada en Ruan y es ejecutada en la hoguera, el joven Mariscal de 28 años se derrumba ante la pérdida de la mujer que idolatraba, a lo que se suma también la muerte de su abuelo.