De su infancia, se sabe muy poco, que fue un niño muy inteligente, capaz de leer el latín con fluidez y amante de la música, además recibió el entrenamiento militar que todos en su familia de caballeros medievales habían tenido. Entre tanto, secretamente leía ávidamente Suetonio, extasiado por los detalles de la vida de los emperadores romanos y sus excesos sexuales. Gilles admitió, más adelante en su vida, durante su juicio que las historias relatadas por el autor latino habían exaltado su tendencia a las fantasías sexuales, más aún siendo él homosexual.