En los aposentos de la condesa cortaban las venas y las arterias de las desafortunadas, que tenían las bocas cosidas para que no molestaran con sus gritos.
La sangre llenaba lentamente la bañera para que ella tomara sus baños rejuvenecedores. A veces hacía derramar la sangre directamente sobre su cuerpo y, para evitar el roce de las toallas sobre su piel, ordenaba a sus sirvientas que la lamieran suavemente, En muchas ocasiones, las jóvenes raptadas debían esperar su turno en las cárceles de la fortaleza, donde vivían en condiciones infrahumanas pasando frío y hambre o comiendo la carne chamuscada de sus compañeras.
La sangre llenaba lentamente la bañera para que ella tomara sus baños rejuvenecedores. A veces hacía derramar la sangre directamente sobre su cuerpo y, para evitar el roce de las toallas sobre su piel, ordenaba a sus sirvientas que la lamieran suavemente, En muchas ocasiones, las jóvenes raptadas debían esperar su turno en las cárceles de la fortaleza, donde vivían en condiciones infrahumanas pasando frío y hambre o comiendo la carne chamuscada de sus compañeras.