Sus sádicos gustos eran consentidos por el enano bufón, Ficzk, y un grupo de brujas que la acompañaban para reclutar jóvenes guapas y de buena salud que eran llevadas al castillo y, una vez allí, eran sometidas a todo tipo de suplíos y tormentos: eran azotadas hasta que moan, quemadas en los pechos, los pies y los genitales con hierros candentes, etc.