FREILA: Después de que me decapiten, podré oír por un momento...

Después de que me decapiten, podré oír por un momento el sonido de mi propia sangre al correr por mí cuello... Ese será el placer para terminar con todos los placeres.

La policía trató de averiguar quién era el hombre que aterrorizaba a la ciudad, sin conseguirlo, hasta que en cierta ocasión, viendo que iba a ser descubierto cualquier día, confesó sus crímenes a su mujer, que horrorizada le denunció a la policía. Así pudo ser capturado, y juzgado en un proceso que comenzó el 13 de abril de 1931, durante el cual intentó su abogado defensor probar que era un demente para salvarle de la pena capital. No le sirvió de nada y el 2 de julio de 1931 fué ejecutado en la guillotina a las seis de la mañana. Durante los días que estuvo en prisión recibió miles de cartas, muchas de ellas cartas de amor y en la mayoría de las cuales le pedían su autógrafo.