La joven finalmente llega a la dirección de la pensión, pero tarda varios días en denunciarlo. Peter consideró, frente a los acontecimientos que debía contarle toda la verdad a su esposa y así lo hace una mañana de mayo de 1930, con voz serena le dice que él era la Bestia que estaban buscando, le describe el placer que sentía al cometer sus horribles asesinatos, la utilización de tijeras o martillos que guardaba en el bolsillo, de su saco.