Su mayor traspié lo comete cuando se encuentra en la calle con Maria Butlies. Ese 14 de mayo de 1930 la joven llegaba a Düsseldorf en busca de un albergue estudiantil. Temerosa, porque ya se conocían las andanzas del «vampiro», buscaba la dirección del lugar en sus bolsillos y un señor que observaba la escena se acerca para ayudarla, pero es interrumpido por Peter, quien se ofrece a acompañar a la muchacha. Así, la joven caía en sus garras. Kürten la lleva primero a su casa, donde nunca había llevado a ninguna víctima, le ofrece pan y leche, y luego, con la excusa de conducirla hasta el albergue, la lleva a un bosque cercano donde intenta estrangularla. Después de un forcejeo, ella logra librarse y él se da cuenta que logró alcanzar el goce y su víctima estaba viva y se retira del lugar murmurando: «Así es el amor».