En los países de allende el telón de acero había una aguda escasez de bojas de afeitar, y Drbal quiso averiguar si el poder de las pirámides alcanzaba también a los metales. Construyó un modelo de pirámide y comprobó que las hojas de afeitar que guardaba en el modelo no se desafilaban nunca. Cuando se presentó ‘en la oficina de patentes de Praga, en 1959, los funcionarios no le creyeron. Pero, una vez el jefe de la oficina hubo comprobado la eficacia del procedimiento, Drbal recibió la patente número 91.304. Nadie sabe mediante qué mecanismos operan las pirámides. La única pista al respecto es una vieja leyenda, que data de la Primera Guerra Mundial, según la cual las hojas de afeitar que se dejan a la intemperie, a la luz de la Luna, amanecen desafiladas.