En la década de 1850, un francés llamado Bovis visitó la gran pirámide y, entre los habituales desperdicios que dejan los turistas, descubrió el cuerpo de un gato muerto: un cuerpo notablemente bien conservado, como si hubiera sufrido un proceso de momificación. Cuando regresó a Francia, Bovis experimentó con modelos de pirámides, construidas a escala, y comprobó que ayudaban a conservar frescos los alimentos. Cien años después, el ingeniero checoslovaco Karel Drbal leyó las investigaciones de Bovis.