Este extraño suceso ocurrió en Hampshire, en la casa que poseía lord Carnarvon, un arqueólogo aficionado de 57 años, perteneciente a la nobleza. En el momento en que el perro comenzó a aullar, el propio lord Carnarvon agonizaba, a miles de kilómetros de su casa, en una habitación del hotel Continental, de El Cairo. La maldición del rey niño, el faraón Tutankamon, se cobraba a sus dos primeras víctimas, a las que seguirían muchas mas.