La primera referencia al sudario de la crucifixión aparece en el Evangelio de San Marcos, donde se nana que la vestimenta en la que Cristo había sido envuelto apareció en la tumba vacía- Transcurrieron trescientos años antes de que el sudario volviera a ser mencionado: reencuentra en los relatos de los peregrinos a Jerusalén. Por aquel entonces prenda sagrada pasó de Palestina a Constantinopla, y de allí a Francia, adonde llegó en el siglo XIII. A fines del siglo XV, el sudado pasó a manos de Luis I, quien se comprometió a resguardarlo de todo peligro; a tal fin construyó una capilla en Chambeiy, donde el sudado permaneció un tiempo.